Disfruta de este perverso trío con dos negras gratis

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Es momento de que estas chicas malas se diviertan con este hombre blanco, ellas están a punto de demostrarle todo su poder sexual. La sesión comienza con intensos besos y caricias, tocando sus cuerpos y desnudándolos poco a poco, sin embargo la intensidad aumenta cada vez más y el afortunado hombre empieza a comerse el coño de una de las negras mientras la otra se está tragando su polla entera.

Una mamada de polla que eleva el placer en este trío interracial

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La perversa negra se chupa la verga de su hombre muy duro, haciendo que el fluido comience a salir. La otra negra quiere darle una probada también, así que va hasta ella y la introduce en su experimentada boca, ambas están comiéndose esa polla sin parar. Luego, él sigue deleitando su paladar con el coño de la otra negra, el placer comienza a estremecer sus cuerpos.

Él se folla a cada negra hasta más no poder

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Se monta la primera negra y comienza a cabalgar su polla mientras grita de placer al ser penetrada por la gran polla de su hombre blanco, ella no puede dejar de complacerse con su polla, sus gemidos y sus gritos te enloquecerán. Luego él las pone en cuatro y mientras folla a una con su verga, la otra la penetra con sus dedos. Este trío está más cachondo que nunca, gritando y complaciéndose sin parar.

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1 Comentarios
  • Lorena Morena 04 febrero 2017

    En el enjambre de voces perdido Nestor Crespo caminaba hacia los diferentes bares y garitos nocturnos de Ibiza, más atrde acudiría a la casa de citas, casa de masajes y casa de putas pero ahora se encontraba recordando su vida en provincias mientras paseaba por Ibiza. Aquellos lugares de su ciudad de destino en el que a veces iba caminando a duras penas bajo el pesado peso del alcohol, casi perdiendo el equilibrio, tambaleándose.

    Recordaba El Cisne de su vieja ciudad de destino, aquel bar tan cutre y feo con camareros extraños e insectos sobre las mesas. También había cera de una acequia una huerta donde habían hecho un bar, el bar estaba cerca de un lugar donde los jóvenes iban a desengancharse de las drogas y luego se veía el campo. Allí entonces, todavía finales de los ochenta, se bebía litros de vino en jarras de barro. Esa moda de beberse jarras de vino en esos envases de barro luego pasó, quizás por ser demasiado rústica o pueblerina…luego pasó esa moda, quizás porque se cambiaron las modestas jarras de barro por copas de cristal fino y diseño, sin embargo nunca hubo tan buen vino cómo en los ochenta, aunque fuera en modestas jarras. Esa primera juventud, con los cigarrillos de paquete blanco de marca, los del indio, aquellos que eran cómo una diana en su diseño, esos buenos tiempos con dinero en abundancia donde una jarra de un litro de vino apenas costaba 250 pesetas, 237 creía recordar, y sin embargo se salía con siete mil o con ocho mil pesetas para gastar. A las siete se merendaba en las tascas tortilla de patata o de huevo duuro y algo de calzón y luego se evalentonaba uno con las copas de whiskie Dic en las discotecas donde las señoritas bailaban una junto a la otra o juntas, sin mirar a los chicso, cómo en un colegio de pago. Todos aquellos días los recordaba Nestor de camino al Nexus, el bar de gran diseño y oropeles e ínfulas modernistas con música budabar y descense, también trance. Todos aquellos días de los ochenta le acompañaban hasta el Nexus, el bar de moda de Ibiza, donde se estaba fresquito por el aire acondicionado y donde se respiraba bien. Nestor recordaba el olor a sapo y mertos de las tascas de provincia con el de atrás fumándose una faria delante de los niños y la peña con puros masticados en la boca y todos echándose cigarrillos dentro del bar en los ceniceros de barro, fumando y comiendo a la vez, presos del humo, fumando y bebiendo con música andaluza y cantaores…Todos aquellos días pasados habían desembocado en un bar de diseño donde pedirse un whiskey solo y ver los hielos perfectamente cuadrado y brillantes deshacerse, junto al mar, junto a las calles blancas y límpidas. Sin embargo Nestor echaba de menos la vida provinciana de hacía veinte años, con su chusquería y sus malos modos y su tremenda naturalidad, donde nadie se quejaba de los insectos ni de los malos olores y donde el vino era abundante y barato y prácticamente lo que había y las caras se ponían cada vez más rojas por el calor y a la gente le picaban y le lloraban los ojos y algunos escupían en el suelo del mismo bar o se sonaban los mocos con servilletas y las tiraban al suelo sin ningún miramiento. Años vividos con más energía y más luz y sobre todo más esperanza, años más naturales y más cándidos, cuando de vez en cuando afloraba en los bafles una música cantada en inglés y la gente pedía cambiar el disco porque no lo entendía.

    Nestor se pidió una cerveza para mezclarla con el whiskey, se sentía bien con los ojos puestos en la línea de playa, dejaba que el tiempo pasara sobre él cómo habían pasado los veinte años que habían sido y sin embargo no se sentía más cargado ni más rencoroso, quizás algo más nonstálgico de que todo hubiera cambiado a mejor y de que todo fuera más pulcro y más ordenado y en una palabra más correcto y todo fuese en suma más educado, esa permisividad en las costumbres que no se daba antes y que ahora era un signo de distinción y esa decadencia de la que antes se huía y que ahora era un símbolo de buena especie, todo aquello que antes se decía y se hablaba y que ahora abochorna, los temas tratados con sorna anteriormente y que ahra son dignos del mayor de los respetos, la falsa felicidad, la falsa hombría, la falsa eduación y sobre todo la falsa tolerancia y la falsa modernez, todo mucho más edulcorado pero en suma más pobre, una fina capa de diseño para ocultar las miserias de siempre y quizás más, y los ambientes de opulencia y riqueza a los que acudir para no gastar, todo ello no es que le diera enfado es que le entristecía, un mundo para los guapos en suma y un mundo para seres modernos y perfectos y muy librepensadores y progresistas, al terminar su vaso no pudo reprimir un cierto gesto de asco, pero no era por la bebida. Algo en la sociedad le disgutaba, probablemente era su falso progreso y todo aquello de lo que todavía no se podía hablar.

    Se puso en pie y desandó su camino, iba a psar un día más. Ahora acudiría a donde su amiga Rossi y Mónica, a la casa de citas, casa de putas y casa de masajes. Algunas cosas no cambian.

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